Sonar Reykjavik 2015 (English, Spanish & Icelandic)

Sonar Reykjavík versus Barcelona, 2015

(Este artículo se publicó en el diario de Háskola Íslands abril 2015, ver abajo links)

Sonar Reykjavik

Soy un escritor de Barcelona exiliado en Islandia.  Os presento la crítica que hice del evento  comparando ambas ciudades. El artículo fue publicado por la Universidad de Islandia. En los enlaces está la versión en inglés e islandés.

La crónica de Sonar Reykjavik

Sónar 2015
Crónica Viernes 13 febrero

Recuerdo que cuando vivía en Barcelona siempre iba al Sonar por la buena música. Venían Björk, Air y los Massive Attack; pero también, como escritor, para cazar nuevas tendencias. Aquellos días la gente se vestía de la forma más radical y estrafalaria posible.

La vida da giros inesperados y al igual que nunca me hubiese imaginado circulando con mi bicicleta por las oscuras mañanas de Reykjavík, rumbo a la universidad, tampoco hubiese soñado que el mismo escenario se trasladaría a aquí.

Sonar Reykjavik también es un escaparate. Enseguida advertí que la moda ya no era llevar los jeans rasgados a la altura de las rodillas, sino de dos colores: negros y blancos. Y que el maquillaje dejaba de tener sentido si no se le añadían unas piedrecitas brillantes.

El viernes estaba tan emocionado que llegué demasiado pronto a los conciertos. Había poca gente y todavía nadie se atrevía a tirar latas al suelo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que Harpa era el escenario perfecto para ubicar un festival de música electrónica. Por su diseño futurista y céntrica ubicación me recordaba al edificio del MACBA, en cuyas inmediaciones se celebraron las primeras ediciones de SONAR Barcelona. No obstante, Harpa tiene algo especial; es como entrar en una pirámide repleta de puertas, escaleras y pasillos en la que puedes perderte hasta para ir al baño, sobre todo si llevas unas cervezas de más.

Al volver a la sala el público ya estaba bailando. Me froté los ojos de lo cerca que estaba del escenario. Gosh, casi podía tocar al cantante, algo inconcebible en Barcelona; pero lo que más me sorprendió fue descubrir que el alcalde de Reykjavik estaba tomándose una cerveza al lado mío, sin nadie que lo molestara. Estuve a punto de pedirle una selfie, pero todavía me faltaban unas cuantas cervezas. Era el concierto de Mugison. Recuerdo que cuando lo vi con su barba y camisa de leñador, cantando y apañándoselas solo con un sintetizador, me dije que ese era el espíritu de Islandia, solo le faltaba el lopapeysa. Ya no me moví de allí hasta que estuve seguro de que Mugison no iba a regresar al estrado. Impresionante.

Después en el concierto de Fufanu, que me recordaron a los Depeche Mode, me encontré con Einar Örn Benediktsson, de los Sugarcubes. Yo estaba alucinando y alguien me dijo que era el padre del cantante, que se llama Kaktus. ¡Gorgeous!

También fui a ver a Sophie, de la generación de Steve Aoki, que resultó ser un chico. La música era de buena calidad; no obstante, en los quince minutos que estuve allí, rodeado de adolescentes saltarines, reconozco que fui incapaz de descifrar su registro.

Todas las bandas estuvieron geniales, sin embargo, los organizadores hicieron un flaco favor a los Prins Póló, colocándolos tan tarde, a las 23h. Creo que su audacia y sensibilidad no se pudo apreciar lo suficiente porque el público ya había despegado hacia la pista de baile, incluido yo.

Aunque yo realmente había venido para escuchar a Paul Kaulbrenner. A las 0,30h. empezó fuerte y nos pusimos a bailar como en la película, Berlin Calling. Era el momento más deseado de la noche; con todo, de repente bajó las revoluciones e incluso paró la música. No sé lo que sucedió, pero le costó mucho levantar el barco y ya no fue lo mismo. Tal vez se lo habríamos perdonado si se hubiese puesto la camiseta de Islandia; porque todos sabemos que siempre viste una camiseta de fútbol en los conciertos, pero lamentablemente era la de Alemania.

Antes de que acabase me fui a ver a Nina Kraviz en el sótano del Sonar Lab; su house era tan oscuro que apenas se distinguía la cabeza del tipo que tenía delante. Dj Thor también estaba allí, esperando su momento. Lo vi detrás de una botella de Reykja y me pregunté si se tomaría unos chupitos conmigo. Por aquellas horas las latas ya rodaban por el suelo y la cerveza estaba caliente, pero eso a los islandeses les es un poco lo mismo.

Todo se pega y a la salida eché de menos un puesto pylsas (hot dogs). Ya me había comido dos smörrebrod de pollo y las plumas me salían por las orejas.
Cogí un taxi, observé la fachada de Harpa totalmente iluminada y me sentí orgulloso de vivir en Reykjavik, «the coolest city in the world». Estaba tan contento que traté de hablarle al conductor en islandés, pero era de Bielorrusia y me sonrió con su dentadura de oro. Lo tomé como un buen presagio.

Ya en casa me quité mis botas de piel de serpiente y comprobé que las suelas estaban tachonadas de chicles. Me dije: «esto nunca cambia, sea en Sonar Reykjavik o Barcelona».

English review Sonar 2015

http://www.studentabladid.com/efni/sonareng

Islensku Sonar 2015

http://www.studentabladid.com/efni/sonar

Sonar Reykjavik y Jordi Pujolà
Sonar Reykjavik: Crítica del escritor de Barcelona Jordi Pujolà

English Version

Sonar Reykjavik 2015

Report on Friday 13th February.

From Barcelona to Reykjavik. Electronic music and coolhunters

Sónar festival is originally from Barcelona, the city where I was born. I used to go there to listen to good music; Björk, Air, and Massive Attack were on the chart. As a writer, I also went to see another show: the freaky audience who showed up just for the occasion. In those days, people exhibited their most eccentric and bizarre haircuts, clothes, and tattoos, to the extent that some seemed to be disguised. Of course, they were the focus of coolhunters who came from came from all over the world. But life twists round unexpectedly, and as I had never pictured myself biking in the dark mornings in Reykjavik, heading to the University, nor had I dreamt that the same festival would be placed in this city. Sonar Reykjavik is a catwalk as well. I immediately realized that the jeans ripped on the knees were not fashionable anymore. Today’s trends were discolored jeans from the knees to the bottom, and bright little stones in the girl’s makeup.

Harpa, the pyramid of Sonar Reykjavik

That Friday I was so excited that I got too early to the concerts, there were few people who did not dare to throw the cans on the floor yet. Nevertheless, I rapidly felt that Harpa was the most suitable place to host an electronic music festival; its futuristic design and central location reminded me of the MACBA, the building where the first festival were held in Barcelona., In addition, Harpa has something special. It is like going into a pyramid full of doors, stairs, and corridors, were you can easily get lost, even just trying to find the toilet, especially if you have had some beers.
The mayor of Reykjavik in Sonar? Do you want a selfie with him? All is possible in Iceland

Coming back to the concert hall, people already were dancing and I was so close to the stage that I thought to myself: Gosh, I’m almost touching the artist, something that would be absurd in Barcelona. Mugison was singing alone in front of a synthesizer, with his Moises beard and lumberjack shirt; the audience was looking at him as he were the most vivid spirit of Iceland, the only thing he lacked was a lopapeysa pullover.

However, I was astonished again when I saw the mayor of Reykjavik standing beside me. He was very relaxed, without any bodyguards, and drinking a beer. I almost asked him for a selfie, but I hadn´t had enough beers for that. Both of us stayed there until the last encore. Mugison made a great impression on me.
Sugarcubes or Kaktus?

At the concert of Fufano, which reminded me of Depeche Mode, I bumped into Einar Örn Benediktsson (Sugarcubes) and my brother in law informed me that he was the father of the singer jumping on the stage, named Kaktus. Gorgeous!

I also went to the concert of Sophie, from the Steve Aoki’s generation, and he turned out to be male. The feeling was good, however, I admit that I was not able to decode his music during the fifteen minutes I stayed there surrounded by loads of teenagers dancing crazily.

All the bands were awesome; even so, in my opinion the performance of Prins Póló was too late. Their lyrics were as sensitive and sarcastic as usual, but at 11 pm. The rhythm was not fast enough to incite people to dance. Sorry.

The double mistake of Paul Kaulbrenner

But the main reason I was attending Sonar Reykjavik was to see Paul Kaulbrenner. He started up like a rocket and people danced as in the movie Berlin Calling. It was the highlight of the night. However, suddenly the music stopped. I don’t know what happened. I just know that it took a long time for him to refloat the ship and he actually never got on track again. Maybe we would have forgiven him if he had worn the Icelandic shirt, because all the supporters know that he always wears the local national team T-shirts on live concerts. But this time he wore the German one. Big mistake my friend.

Before Paul was done, I went to check out Nina Kraviz’s music in the cellar of Sonar Lab. Her house was so dark that I could hardly see the head of the guy that was dancing in front of me. DJ Thor was on the stage as well, hidden behind a bottle of Reyka, and I wished to share some shoots with him. At this time, the cans rolled down on the floor and the beer got warm.

My kingdom for a pylsa

At this time, the cans rolled down on the floor and the beer got warm. Eventually, I ordered a taxi. But as I was leaving, Icelandic as I might be; I missed a pylsa station. I thought that was disappointing because I like pylsa and had become sick of the only option available at the bar, chicken smörrebrod.

Reykjavík, the coolest city in the world

Eventually, on the street, I observed the illuminated facade of Harpa and felt proud of living in Reykjavik, the coolest city in the world. I was so happy that I tried to talk in Icelandic to the taxi driver, but he was from Belorussia and started to laugh. I thought it was a good omen and I laughed too. Getting home I took off my snake boots and saw that the soles were full of chewing gum spots. Some things never changes, whether you go to Sonar Reykjavik or Barcelona.

www.jordipujola.com

www.escritorislandia.com

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