AMABILIDAD y cariño

AMABILIDAD

Una pequeña historia de amabilidad

En la Escuela: Reykjavik, Islandia

Un día fui a recoger a mi hijo a la escuela y, a la salida, nos tropezamos con otro padre que andaba desesperado buscando al suyo, también de seis años. No estaba ni en su clase ni en  las aulas de las actividades extra-escolares ni en el campo de fútbol. Desaparecido. Los monitores decían que tampoco lo habían visto.

Mi hijo y yo nos miramos unas décimas de segundo y, sin pensarlo dos veces, nos lanzamos en su búsqueda. No lo encontramos, pero al final resultó que el niño se había quedado con la madre en casa porque estaba enfermo y al padre no le habían avisado. Cuando se enteró de esto, el hombre se derrumbó.

Me senté a su lado, en un peldaño de la escalera. Ya no quedaba casi nadie y olía a jabón de limpiar los suelos. Estuvimos charlando un rato, nos reímos para liberar la tensión y ahora somos buenos amigos, aunque nunca hablamos de esto y, además, la familia se ha trasladado a Suecia. De hecho, son suecos. Y ese día, ja, ja, ¡el padre tiró por tierra todo el sistema educacional islandés! Son cosas que pasan, como cuando le echas una bronca monumental a tu hijo porque lo habías perdido. En realidad es una forma de expresar miedo y frustración. Por supuesto los niños no entienden nada. Tampoco entienden porque les prohíben jugar a los videojuegos cuando sus progenitores se pasan el día enganchados a sus teléfonos móviles o tienen que leer cada día cuando sus padres no han cogido un libro en años.
Hay que ser amable con tu mujer, tus hijos, los amigos y especialmente con los desconocidos. Sea por empatía o por seguir las leyes del karma. Alguna vez me he encontrado también en algún apuro y he descubierto que no hay nada más reconfortante que que alguien que pase por ahí te ayude y te trate con cariño. Una vez me caí al suelo y un coche casi me atropella. Estaba en un país extranjero y una señora me preguntó si estaba bien, me acarició la cabeza y me ofreció dinero. Le dije que no necesitaba nada, pero ese gesto de amabilidad me bastó y todavía me acuerdo de ella. A veces pienso en la película esa, tan recomendable, de la cadena de favores.

Si todos tuviésemos consciencia de esto, el mundo funcionaría mejor. Necesitamos un cambio, por eso esta frase da título a mi novela: Necesitamos un cambio. El sueño de Islandia. Eds. Camelot.

El cambio está en cada uno de nosotros. Empecemos por nosotros mismos, «Be the change», como dijo Gandhi.

 

Amabilidad
Amabilida. Jordi Pujolà, escritor español en Islandia.

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Gracias.

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